Una invitación y tres aproximaciones a "El último donjuán" de Andrés Mauricio Muñoz



La novela "El último donjuán" (Seix Barral, 2016) de Andrés Mauricio Muñoz (Popayán, 1974) es una de las novedades literarias de este fin de año. 

     El autor, quien ya se había a dado a conocer como cuentista, con "Un lugar para que rece Adela" y "Desasosiegos menores" ahora regresa a la novela, género en el cual ya había incursionado con la novela breve "Te recordé ayer Raquel" (2004). 

     "El último donjuán" ha sido reseñada en varios medios y su autor ha concedido varias entrevistas en las cuales habla del oficio y del proceso de gestación de su libro.

     Así mismo, el próximo miércoles 16 de noviembre, en la Librería Wilborada (Calle 71 #10-47, Interior 4, Bogotá D.C.), a las 6:30 pm, el autor conversará con el escritor John Jairo Junieles.
     
     Aquí la INVITACIÓN:

     Aquí las 3 aproximaciones:


I. REVISTA LATITUD / El Heraldo: "Donjuán ciberespacial" - Por: Ezequiel Quintero Gallego


     Es imposible no sentirse afectado por la reciente novela de Andrés Mauricio Muñoz (Popayán, Colombia, 1974). Lo digo por los sentimientos encontrados y los momentos vividos a través del Messenger. Sé que no es usual que el reseñista se introduzca de manera descarada en la reseña de un libro, pero la contundencia de su argumento me obliga a meter las manos al fuego. Con la llegada de la era digital se han creado en el mundo nuevas formas de comunicación, y gracias a esta ficción del escritor colombiano, las generaciones marcadas por el boom del Internet sentirán un aire de nostalgia.
    El último donjuán retrata las pasiones humanas inventadas a través del ciberespacio. En ella se construyen pequeñas historias que se van mezclando en el silencio de la red. Ante nuestros ojos aparece un niño que observa inquieto a su tía cuarentona hablando por webcam con un hombre que llama su “novio” y vive en Estados Unidos. Acto seguido, como si fuésemos pasando canales, un marido sorprende a su mujer siéndole infiel con alguien del otro lado del monitor; una joven fracasada intenta resolver los problemas amorosos de su hermana por chat, un hombre es cautivado por las provocativas sesiones eróticas con una mujer, y un padre es destruido por el suicidio de su hija preadolescente. Al final, cada una de estas vidas se va desarrollando para hablarnos de un misterio.
      Andrés Mauricio sitúa su novela en los años 2002-2003, y usted recordará que por ese tiempo –antes que Facebook y WhatsApp– apareció en la web un programa de mensajería instantánea ligado al correo electrónico de Hotmail llamado MSN Messenger. Ese programa cuyo ícono eran dos muñecos, uno verde y el otro azul, hermanados por una mariposa multicolor, es el hilo conductor que atraviesa la trama. Con prosa cinematográfica y de acción precisa, el lector se encontrará con uno de los prodigios de la narración literaria: dejar de sentir que se lee para comenzar a ver. Sin embargo, sería muy simplista decir que este programa es el único gran tema de la novela, pues más allá de esto reside la condición humana y su sentimiento más complejo: el amor. Los personajes aman a otros que creen como ellos detrás de una pantalla, temen ser abandonados y buscan afecto por medios virtuales ya que en la realidad sus seres queridos están cada vez más lejos. 
     El o la Internet –pues la ambigüedad de su naturaleza nos indica que puede tomar cualquier forma– duerme en nuestras casas, nos ayuda en el trabajo, permite que hablemos con personas a larga distancia y encontremos la sensación del abrazo para jamás estar solos. Internet nos permite la suplantación de la personalidad, la máscara griega elevada a su exponente más grotesco. Si en la vida real aparentamos ante los otros, con la virtualidad desarrollamos todas nuestras personalidades y nos hacemos sujetos de mil caras. Por esto, no puedo dejar de imaginar a Andrés Mauricio sentado frente a su computador, inventando en un acto paradójico de escritura, las vidas de sujetos que como él ocultan su rostro tras el brillo blancuzco del monitor.
    Este libro deja de manifiesto que en la aceleración del mundo convulso, las cosas caducan de la noche a la mañana y existen temas que no se pueden dejar pasar. La literatura, querámoslo o no, ya está planteando los interrogantes del tercer mileno, y la virtualidad es uno de ellos. Este caballo troyano hecho de códigos binarios llamado novela ha franqueado los muros del canon literario. Tal vez Juan Esteban Constaín no esté tan alejado de la realidad al nombrar a Andrés Mauricio Muñoz como el posible mejor narrador de su generación. 
    Mientras termino de escribir esta reseña, voy cerrando una a una las pestaña del navegador, grabo lo hasta ahora escrito y dejo cada archivo en su sitio. Aunque se apague la pantalla, siento que esta novela no se ha acabado, que el último donjuán somos todos, cada noche aferrados a la máquina, buscando una razón por la cual vivir. 

VER ARTICULO ORIGINAL EN "EL HERALDO"

II. REVISTA VICE : "Una novela que habla del amor a través de Internet" - Por: Santiago A. de Narváez



Si la palabra millenial sirviera de algo (cosa que dudo) sería para describir a esas personas que se enamoraron por vez primera vía Messenger. Ese chat primitivo de iconos azul y verde, muy amorfos, que daban vueltas siempre que uno iniciaba sesión. La educación sentimental del nuevo siglo empezó por ahí: en ventanas que titilan y en sonidos que avisan esperanza. Internet (ya suena tonto decirlo) cambió nuestra forma de amar. Y Messenger fue el primer culpable.
El último donjuán, que sale a la venta a finales de este mes bajo el sello Seix Baral, narra el amor en los tiempos de internet. O mejor: la virtualización de las relaciones humanas y lo que vino consigo: la confianza, la entrega y el asombro con los que nos lanzamos a ese mundo/pantalla a conversar con la imagen que otro proyecta. "Ha cambiado el mecanismo de las relaciones sociales" dice Andrés Mauricio Muñoz (Popayán, 1974), autor del libro.
     Esta es la primera novela que publica. (En realidad es la segunda, pero la otra prefiere dejarla en el cajón de los olvidos: "La desaparecí de toda biografía"). Sus otros libros son dos colecciones de cuentos elogiados por el público. En especial el último: Un lugar para que rece Adela, un libro de cuentos que tiene por tema principal el despojo cotidiano.
     Ingeniero de profesión, Muñoz trabaja en horario laboral como consultor de tecnología. Madruga y escribe de 4:00 a 7:00 de la mañana. Pero su sueño es poder escribir tiempo completo. Mientras lo hace, algunos lo perfilan como una voz que promete. Juan Esteban Constaín, por ejemplo: "Andrés Mauricio Muñoz es quizás el mejor narrador de mi generación. Esta novela, por lo menos, lo demuestra con belleza y maestría".
     La novela construye personajes que son tocados en sus vidas diarias por la irrupción (amenazante) de chats y foros y mails. Una tía solterona que decide probar suerte con un amor lejano. Una niña introvertida y casi enferma que se apoya en sus amistades virtuales. Una mujer cansada de su matrimonio que se aventura a explorar otros caminos de la infidelidad. Al final todas estas historias convergen en un mismo lugar (al que el autor me instó a que no hablara mucho para no tirarme el final).
     La entrevista le hace honor a la trama. Me encuentro con él en la pantalla de mi computador y él (supongo) ve el reflejo de mi imagen proyectada en el suyo.

Lea la entrevista completa AQUÍ.

III. REVISTA LIBROS & LETRAS: "El último donjuán, una novela de Andrés Mauricio Muñoz" - Por: Paul Brito

Con El último donjuán, la novela de Andrés Mauricio Muñoz que lanzará la editorial Seix Barral en octubre, el autor recurre al tejemaneje de las relaciones amorosas por la web para abordar el dilema filosófico quizá más importante de todos: ¿qué tan real y virtual es el mundo? ¿Cómo se alimentan mutuamente esas dos dimensiones del ser humano? ¿Cómo se construyen los afectos y cómo se disuelven? Si uno siempre está lidiando con sus propias emociones y expectativas antes que con las mismas personas que las inspiran, ¿son más importante las ficciones que instauramos que el mundo real detrás de ellas? Todos estos asuntos de la comedia humana son tratados no desde la frialdad o la abstracción de las telecomunicaciones, sino desde cada célula nerviosa de los personajes. Al igual que en sus dos libros de cuentos: Desasosiegos menores (2010) y Un lugar para que rece Adela (2015), Muñoz disecciona la vida íntima de sus criaturas y nos ofrece una selfie profunda de la condición humana. Después de leer su novela, ya uno no puede volver a chatear sin una sensación de vértigo.
     Este libro demuestra que la trama de una novela no necesariamente la tiene que proporcionar una secuencia central de eventos, sino que puede ser una idea encarnada a lo largo de distintos planos y secuencias, porque la vida también está llena de hipervínculos. Y todo esto dosificando los detalles y el suspenso, con una tensión que el autor suministra con naturalidad espaciando y contrayendo la narración, en ocasiones volviéndola transparente y en otras dejándola abierta, como un cursor que titila esperando la próxima tecla.
     -Tu nueva novela tiene una estructura fragmentaria, con historias y personajes diferentes pero con un hilo común bien definido. ¿Responde eso a tu gusto por el cuento o a tu interés en esta novela por abarcar más matices del mundo virtual?
     -No voy a negar que, devoto como soy del cuento, la estructura que decidí para la novela es un terreno propicio para mí; sin embargo, cuando estaba concibiéndola pesó más lo segundo que apuntas, relacionado con registrar, de alguna manera, los primeros merodeos de una generación que viviría metida de narices en el ciberespacio. Sobre todo aquellos que decidieron darle la cara al amor desde la pantalla de un computador, agobiados por esa otra versión que en el mundo “real” les volteaba la cara o los abofeteaba. Desde esa perspectiva necesitaba abordar esa realidad desde diferentes ángulos, para que esos matices se definieran de una mejor manera.   
      -Además de escritor, eres ingeniero en electrónica. ¿Qué tanto te ayudaron tus conocimientos y experiencia en ese campo para desarrollar esta historia sobre los entresijos de la vida cibernética?
    -Siempre he separado estos dos roles. Pero claro, he reconocido también que la ingeniería me ha dotado de rigor a la hora de definir la arquitectura y los cimientos de mis historias, precisión para concebir el carácter de los personajes, como si de armar un lego se tratara. En este caso, aunque tal vez esté desconociendo algún aporte de la ingeniería en cuanto a la concepción de la plataforma virtual donde hacen su nido estos amores, el Messenger de comienzos de siglo, creo que lo que más aportó fue la hondura con que decidí encarar el ejercicio. Me di la oportunidad de experimentar qué se sentía hurgar durante horas en la web, conocer gente de muchos países, dejarme seducir por otras culturas, encolerizarme por peleas absurdas en los foros o en los chats. Y claro, enamorarme también, ilusionarme con ese otro que comenzaba como una insinuación en la pantalla y terminaba habitando todos los espacios de mi vida.
   -Cuando una persona se enamora ya sea de alguien remoto al otro lado del Messenger o de alguien concreto al lado de uno, ¿lo hace de la persona en sí o de la imagen que uno se forma de ella? ¿Qué tan real o virtual es el mundo?
     -A mí me parece que, en ambos casos, nos enamoramos de la imagen que nos formamos de esa persona. En últimas todo es una fantasía, que a veces se concreta y en otras se diluye o desaparece en forma intempestiva, como un castillo de arena al que le dan un manotazo. Pero pasa también que el mundo virtual es más fértil para que esa fantasía alcance dimensiones épicas. En internet podemos ser quien queramos, ensayar vidas, probar personalidades, asumir roles que en nuestra cotidianidad nos resultan ajenos. Pero muchas veces, también, mostrar en verdad lo que somos, desatar para que ande libre nuestra propia identidad.

Lea la entrevista completa AQUÍ.
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